Tarjetas de sello físicas vs. digitales: ¿cuál le conviene a tu negocio?

Analizamos las diferencias reales entre los métodos tradicionales y las soluciones digitales para que puedas tomar la mejor decisión para tu negocio.

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Alejandro Sauma

Insight

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Durante años, la tarjeta de sello fue el estándar del programa de lealtad para pequeños negocios. Bajo costo, fácil de implementar, sin tecnología de por medio. Pero a medida que el comportamiento del consumidor cambia y los teléfonos inteligentes se vuelven el centro de la vida cotidiana, vale la pena preguntarse: ¿sigue siendo la tarjeta física la mejor opción?

El problema con las tarjetas físicas

El mayor enemigo de la tarjeta de sello no es la competencia; es el fondo de la cartera. Los clientes las pierden, las olvidan en casa, las acumulan de diez negocios distintos y terminan sin usarlas. Para el negocio, tampoco hay forma de saber cuántos clientes activos tiene, cuándo fue la última vez que visitaron o si el programa realmente está funcionando.

Son invisibles para vos como negocio hasta que alguien llega a canjear.

Lo que cambia con la lealtad digital

Una tarjeta digital que vive en Apple Wallet o Google Wallet no se pierde, no se olvida y no ocupa espacio en la cartera. El cliente la tiene siempre consigo porque está en su teléfono. Para el negocio, cada sello queda registrado, cada canje queda documentado y tenés datos reales sobre el comportamiento de tus clientes.

Además, podés comunicarte directamente con tus miembros, algo que con una tarjeta física es simplemente imposible.

¿Cuál te conviene?

Si tu negocio recién está empezando y el presupuesto es muy ajustado, una tarjeta física parecería ser el punto de partida ideal. Sin embargo, hoy en día soluciones como Loop te permiten lanzar tu propio programa de lealtad de manera sumamente sencilla. Así que en vez de darle a tus clientes un papel que perderán en tan solo unos días, elegí un programa que escale, que te dé información útil y que realmente genere retención a largo plazo, la lealtad digital no es una mejora; es una categoría diferente.

El costo de hacer el cambio hoy es menor de lo que pensás. Y el costo de no hacerlo se mide en clientes que no vuelven.